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La Policía desarticula una organización internacional dedicada a la falsificación y fraudes millonarios con tarjetas de crédito

Policia

madrid, 16/05/2001

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía, adscritos al Grupo de Delincuencia Económica y Financiera de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Sevilla, han desarticulado una organización internacional que se dedicaba a la falsificación y al uso fraudulento de tarjetas de crédito.

Alertados por el Departamento de Seguridad de una entidad bancaria sevillana, los agentes policiales, tras intensas investigaciones, que se han prolongado durante más de cuatro meses, procedieron a la desarticulación de este grupo delictivo organizado.

Los integrantes de esta organización, de origen subsahariano, utilizaban las tarjetas de crédito, que pertenecían a nacionales de Reino Unido, de Canadá, de Francia y de Estados Unidos, en establecimientos comerciales previo acuerdo con los vendedores de las mismas. El fraude se calcula en 25.000.000 de pesetas y las tarjetas de crédito falsas intervenidas ascienden a 60.

En el transcurso de la operación policial, han sido detenidas 19 personas, 7 de ellas de origen africano y el resto de nacionalidad española. Estos últimos han sido detenidos por acceder al uso fraudulento de las tarjetas en sus establecimientos, una vez acordado dicha actividad con los miembros del grupo.

La puesta en práctica de este hecho ilícito reportaba a los integrantes de la organización grandes beneficios. El reparto de los mismos se establecía de la siguiente manera: el 60% correspondía a los subsaharianos, que en algunos casos premiaba con un 10% al intermediario, y el 40% restante a los vendedores o administradores de los comercios encartados en dicha red.

Estos establecimientos se encontraban repartidos por distintas zonas de la provincia de Sevilla, principalmente en Los Palacios, Tomares, Polígono San Jerónimo y la capital. Se dedicaban a distintas actividades comerciales, que iban desde la alimentación hasta la venta de abonos y fertilizantes.

El modus operandi de la organización consistía en que uno de sus integrantes contactaba con empresarios en precaria situación económica, ofreciéndoles operaciones mercantiles ilícitas o fraudulentas cuyo beneficio mejoraría el estado de su negocio. Para ello, realizaban compras iniciales que abonaban en metálico y, posteriormente, insinuaban a los vendedores o administradores de los establecimientos la contratación de Terminales de Punto de Venta (TPV), que facilitarían acometer operaciones de mayores importes mediante el uso de las tarjetas falsas requisadas.

Posteriormente, los integrantes de la organización simulaban operaciones de venta, que se abonarían a través de dichos TPV, repartiendo con ellos los beneficios de estas operaciones en base a los porcentajes ya comentados, siempre previamente pactados entre ambas partes.

Así, al día siguiente a la fecha en la que se había fingido una determinada venta, se extraía de los fondos ingresados las comisiones acordadas.

Con el fin de dar verosimilitud y credibilidad a las referidas prácticas, quienes disponían de los medios de pago ofrecían fotocopias de pasaportes y documentos de identidad, igualmente falsos, que respaldaban la titularidad de las tarjetas fraudulentas. Al mismo tiempo, orientaban a los empresarios para que emitieran las correspondientes facturas. Las compras con las tarjetas falsas se producían en breves espacios de tiempo, y además una misma tarjeta era utilizada por diferentes titulares.

En relación a la falsificación de las tarjetas, los integrantes de la organización buscaban en las inmediaciones de los cajeros automáticos los resguardos que acreditan que un cliente de una entidad bancaria había realizado una operación. Tomaban la numeración de éstos y a través de programas informáticos duplicaban las tarjetas falsas, que en la mayoría de los casos carecían de información facial.

En otros casos, los establecimientos implicados en la trama aportaban la información de la tarjeta para ser duplicada y utilizada fraudulentamente. Los propietarios de las tarjetas en alguna ocasión acudían a éstos comercios para realizar una compra. Cuando la tarjeta se pasaba por el T.P.V quedaba registrado, gracias a un sistema especial, el número de la tarjeta. Posteriormente, los integrantes del grupo duplicaban la tarjeta gracias a esta información.

Las tarjetas pertenecían a extranjeros debido a que la comunicación de las operaciones bancarias tardan aproximadamente de 8 a 10 días es serles comunicadas, por lo que daba un margen de tiempo importante para su uso fraudulento.

Los detenidos como organizadores del referido grupo ascienden a 4, a los que se suman otros 3 portadores de tarjetas y colaboradores:

  • John Nanna D. D., de origen nigeriano y 42 años de edad.
  • Elvice Style D, camerunés de 23 años de edad.
  • Richard A. K., nacido en Ghana, de 26 años.
  • Abass M., de 30 años de edad, también nigeriano.
  • Kenny S., ciudadano de Burkina Faso, de 29 años.
  • Nahtalis P. K., angoleño, de 28 años.
  • Susan C. M., keniata, de 24 años de edad.

Por su parte, los establecimientos que estaban dentro de la trama eran MANTILLOS EL AZAHAR, RE MAX CASAGRANDE, OBSESION POOL, HORNO HNOS. CARMONA S.L. y ORTIZ REPARACIONES S.L.

Las investigaciones policiales, previas a las detenciones efectuadas, habían aportado resultados esclarecedores acerca del modus operandi que siguen, por regla general, las organizaciones delictivas dedicadas a estas acciones.

Por un lado, se ha constatado que, actualmente, la elaboración fraudulenta de los medios de pago citados puede realizarse a través de programas informáticos que pueden incluso ser bajados de Internet.

Por otro, se ha comprobado que la tónica general es que estos grupos delincuenciales están integrados principalmente por nigerianos, dedicados a realizar operaciones fraudulentas con tarjetas de crédito falsificadas, que se emplean en realizar compras para posteriormente obtener reintegros de entidades bancarias y, finalmente, arrendar vehículos de gran cilindrada que se desvían hacia países africanos.

Ahora, no obstante, con este caso concreto, se ha podido constatar una nueva modalidad de esta tipología delictiva: la utilización de medios de pago falsificados en connivencia con los encargados o titulares de comercios y establecimientos abiertos al público, que simulan operaciones en realidad inexistentes para, una vez ingresados los importes, repartir los beneficios obtenidos.

Todos los detenidos como autores de este presunto delito de falsificación y tentativa de estafa han pasado a disposición de la Autoridad Judicial competente, tras la instrucción de las preceptivas diligencias policiales.

Para más información Gabinete de Prensa de la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental (Sevilla), teléfono 95 428 93 35.

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